Lo primero es decidir por dónde va a pasar. Parece evidente, pero merece la pena observar cómo te mueves realmente por el jardín. A veces dibujamos un camino porque queda bien sobre el plano y después descubrimos que no es el trayecto que utilizamos.
Una vez definido el recorrido, habrá que estudiar su anchura, la preparación del terreno y cómo se encontrará la pizarra con el césped artificial. Las alturas importan. No queremos que el paso entre materiales resulte incómodo ni crear resaltes innecesarios.
También conviene pensar en el aspecto del conjunto. Hay quien prefiere un camino recto y muy marcado. En otros jardines puede encajar mejor un trazado que acompañe la distribución de las plantas o de la terraza.
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¿Un camino continuo o piedras separadas?
Esta duda aparece bastante cuando estamos diseñando un jardín. Los pasos individuales de piedra pueden quedar muy bien si buscas un recorrido decorativo y no necesitas una superficie continua. Pero si se trata de un acceso que utilizas todos los días, un camino más definido puede resultar más práctico.
Piensa, por ejemplo, en si vas a pasar con una silla de ruedas, un carrito o algún objeto con ruedas. En esos casos, habrá que estudiar un itinerario accesible y adecuado para ese uso; las piezas separadas no siempre lo permiten.
La decisión no depende únicamente de qué opción te guste más. También cuenta cómo vas a utilizarla.